LA SEPIOLITA VISTA DE CERCA
Por Maria Luisa Usón y su hijo Antonio de 12 años - Boletín Nº 5

En Orera y Mará, provincia de Zaragoza, hay una explotación de sepiolita donde la empresa MYTA (Minería y Tecnología de Arcillas, S. A.) trata este mineral y lo comercializa para diferentes aplicaciones. Gracias a la amable invitación de Luis Dieste, ingeniero industrial y director de la fábrica, tuvimos ocasión de conocer el interesante proceso que lleva a esta humilde arcilla desde la mina hasta el supermercado, convertida en un producto comercial con un indudable valor añadido.

La excursión se realizó el 24 de Junio con un tiempo inmejorable. En el lugar acostumbrado, puerta del edificio Paraninfo de la Universidad, nos reunimos veinte personas con cinco coches que poco más de las 9 de la mañana partieron rumbo a Calatayud llevándonos a nuestro destino por la ribera del Perejiles. Al pasar por Belmonte de Gracián recordamos aquello de que "lo bueno, si breve", (dos veces breve), y hacia las 10 y media llegamos a la fábrica de MYTA.

Pronto nos enteramos de que la sepiolita (silicato hidratado de magnesio 3Si02 2MgO . 2H20) tiene su origen en los sedimentos depositados en pequeños lagos o charcos con pH superior a 8 que durante el terciario estuvieron sometidos a fuertes sequías. Femando San Miguel, geólogo de MYTA y miembro de la Asociación, nos explicaba así la presentación de la sepiolita en grandes lentejones de unos 200 metros de longitud y un grosor entre 0.5 y 2 metros. Con frecuencia contiene abundante materia orgánica, tanto vegetal en proceso de turbación, como restos de animales (trozos de conchas, huesos). La dolomita es acompañante habitual de la sepiolita en Orera y Mará.

La propiedad que hace interesante a la sepiolita es su gran capacidad de absorción de agua hasta un 100 % de su peso, y todo el proceso físico de explotación consiste en extraerla del yacimiento durante el verano dejándola secar al sol y al aire consiguiendo así un 25 % de humedad, y pasando luego por un sistema de molinos y cribas donde se consigue reducir la granulometría en tres fases desde 250 a 6 mm. de grosor. Con este tamaño de secado pasa por unos hornos donde se consigue reducir la humedad hasta el 7 %. De este modo la sepiolita ya está preparada para ser envasada en bolsas de varios tamaños y distinta presentación según el cliente y país de destino. Su aplicación es servir de cama de gato, y el 90 % de la producción se exporta a países europeos.

Cuando el grosor del grano es menor de 0.5 mm. la sepiolita se usa como espesante en pinturas y pesticidas, como absorbente industrial (sustituyendo a serrines), en fabricación de piensos, o en absorción de petróleos en mareas negras. Estos y otros detalles nos explica maravillosamente Luis Dieste mientras nos va llevando por las instalaciones actuales y se refiere al inicio de la fábrica hace 9 años y a las fases posteriores de ampliación, de cada una de las cuales ha sido el responsable tecnológico. La última novedad ha sido el almacén totalmente automatizado y gestionado por ordenador. Y la próxima innovación prevista es una planta de cogeneración de energía que producirá 7 megawatios, de los cuales consumirán 1 Mw. y venderán 6 Mw. a la red de distribución eléctrica. Con ello calculan que ahorrarán un 47 % del gasto de energía actual.Terminada la visita de la fábrica pasamos al edificio de oficinas y laboratorio donde, entre otras cosas, nos explica Fernando el funcionamiento del difractómetro de rayos X, capaz de identificar un mineral previamente pulverizado. Por si fuera poca la amabilidad derrochada y escaso el interés de la visita, nuestros buenos amigos de MYTA nos tenían preparada una encerrona.

Nos llevaron a una salita donde nos pusimos morados de picar el aperitivo con que nos obsequiaron. Refrescados y repuestas las fuerzas, fuimos al yacimiento a seguir picando (esta vez en busca de minerales). Allí pudimos observar de cerca la sepiolita, casi negra cuando está empapada de agua, presentando superficies brillantes de tacto grasiento por los restos orgánicos que contiene, atravesada por raíces fósiles. Otras arcillas como la esmectita, pequeños cristales de dolomita, piritas minúsculas y algunos restos fósiles alegraron la búsqueda. Al marchar nos quedamos mirando el paisaje que vimos al llegar: colinas llenas de árboles y arbustos en flor. No parece que haya habido nunca un yacimiento por ahí. Es porque en MYTA retiran el suelo fértil y la tierra que cubre los lentejones de sepiolita, y luego restauran el paisaje formando colinas donde ponen plantas autóctonas (retama, tomillo, romero, espliego, pinos, abetos, ....). Fue una satisfacción comprobar que después de la explotación industrial el paisaje queda mejorado.

Ya eran las tres de la tarde, y el sol y el hambre apretaban. Acordamos que lo mejor era comer y completar el día visitando las minas de barita de Tobed, Así se hizo de forma discrecional. Al caer la tarde regresamos a Zaragoza cansados, cargados y contentos.