EN RECUERDO A D. JOSÉ MIÑANA Y VIZMANOS
Por Francisco José Cebolla Peribánez

Parece que fue ayer y han pasado nada más y nada menos que 10 años. Todavía perdura en nosotros un gran recuerdo de tu persona a pesar de todo este tiempo transcurrido.

Recuerdo cuando te conocí haya a finales de los años 80. Acudías como yo todos los domingos a la plaza de San Francisco, cita ineludible de todos aquellos que coleccionábamos algo, minerales, fósiles, monedas, sellos... Paseando por los diferentes puestos y concluyendo en el de, por entonces desconocido, Miguel Calvo. Yo era un chaval, como quién dice, pero veía en ti una persona que admiraba este maravilloso mundo natural y lo vivía con pasión. Tus comentarios e interés por aprender, te hacían todavía más interesante. Pero realmente, no fue hasta esa famosa reunión de fundación de nuestra asociación hasta que no entable una conversación más cercana contigo sobre este mundillo. Me llamabas “paquico”, nunca lo olvidé. Trabajador infatigable, gran luchador y a veces, algo cabezota, no paraste hasta que surgió la asociación mineralógica aragonesa. Fuiste miembro fundador y además, vocal representante de la misma. Siempre estuviste ahí.

Aunque a veces tus piernas te limitaban, te apuntabas a todo tipo de excursiones pues, disfrutabas como un enano en las mismas. Hasta con muletas te atrevías a subir y bajar escombreras en busca de ese mineral perdido. Te encargaste de muchas excursiones, de prepararnos los autobuses necesarios para realizarlas, de hablar con quien fuera necesario en busca de una autorización, de animarnos a participar en ellas, y de tantas cosas más que no quiero olvidarme de ninguna. No solo fuiste un compañero de viajes sino que fuiste un amigo, un gran amigo. En los últimos años de tu vida, te habías planteado muchos retos. Uno que recuerdo con gran cariño fue el querer montar un museo que albergara los mejores minerales que hubiera en nuestra tierra. Desgraciadamente, solo fue una gran idea ya que no pudo llevarse a cabo. Me encantaban tus relatos que escribías con gran cariño y sencillez.


Un domingo de abril del año 2005, acudiste a la Plaza de San Francisco como otro domingo más. Aquel día no fui por motivos familiares. Me enteré que después de marchar a casa, te empezaste a encontrar mal y no hubo nada que hacer. Te marchaste sin decir adiós, sin despedirte… Te lloramos porque fuiste una gran persona, un gran amigo…

En estas fechas que se cumple el décimo aniversario de tu fallecimiento quiero decirte en mi nombre y en el de todos los compañeros que te conocieron que siempre hay un momento en el que nos acordamos de ti. Desde donde estés, seguro que tú también te acuerdas de nosotros.
Querido José, querido Miñana…