Una nueva sección se abre en nuestro boletín; uno tras otro irán apareciendo entrevistas realizadas a socios de la A.M.A. donde contarán sus experiencias como coleccionistas de minerales.

NOSOTROS Y NUESTRAS COLECCIONES
A.M.A - Boletín Nº 9

Empezaremos con un hombre un tanto peculiar, único dentro de la asociación en cuanto a la forma de hacer su colección, sólo contiene muestras cogidas por él mismo a lo largo y ancho de la península. He aquí un hombre especial:

Nombre: JOSÉ AYALA ROSAS
Edad: la suya.
Domicilio: el de todos, la Tierra. Profesión: la que puede, como muchos.

Boletín: ¿Cómo y cuándo surge tu afición por los minerales?
José: De niño, en la escuela de Tudela teníamos un libro de Ciencias Naturales
que mostraba los tres reinos, animal, vegetal y mineral. Me llamó la atención el
reino mineral que describía rocas y minerales, había ilustraciones a color de
minerales que clasificaban en dos grandes grupos: lapidarios y metálicos.
Así entro dentro de mí el gusanillo de la mineralogía.
Boletín: ¿Cuáles fueron las primeras muestras que conseguiste?
José: La vía del ferrocarril me suministró por casualidad unos pocos: pedernal,
yeso, puntas en matriz. Un canto rodado en la cuneta de la carretera. Algunos
minerales regalados y pocos comprados.
Boletín: Al pasar de Tudela a Zaragoza ¿tendría continuidad esta afición?
José: Sí. Al llegar a Zaragoza conocí circunstancialmente a un representante de monedas; éste me hablo de un mercadillo en la plaza San Francisco. Al domingo siguiente allí me dirigí. Por este tiempo conocía a Pepe Sandoval que me vendió su mesa y me puse a vender en un puestecito. De esta forma lograba subsistir.
Vi que comprando las piezas podía hacer una colección como la de la mayoría, pero para mí faltaba algo, faltaba el interés, la emoción, el regustillo de encontrar tus propios ejemplares. Así pues, empecé a recorrer las cercanías de Zaragoza y salir a pueblos y lugares cercanos como Sallen, Tierga el Moncayo,...
He recorrido hasta ahora casi toda España sufriendo y gozando de la naturaleza, a la vez que practico otra afición, el dibujo. Son ya más de 500 pueblos los que llevo dibujados, al menos lo que me ha parecido más emblemático de cada lugar. He estado en zonas de Navarra, La Rioja, País Vasco, Extremadura, Murcia, etc. y siempre he conseguido alguna muestra.
Boletín: ¿Cómo te desplazabas a otras provincias?
José: Son muchos los medios que, queriendo y teniendo interés, tenemos a nuestro alcance: autostop, autobús, tren, bicicleta que me compre en cuanto pude, y en el momento actual mi motocicleta y mi casco. No veas a 50 Km./hora a donde llego.
Es interesantísima esta forma de búsqueda ya que aprendes en la mejor escuela, la naturaleza misma, claro que también corres riesgos.
Boletín: ¿Qué riesgos?
José: Enterado por el libro Minerales de Aragón de la existencia de níquel en el pico Gallinero de Cerler (Huesca) preparé mi marcha hacia el lugar. Hice autostop hasta Cerler y desde allí andando hacia el pico, ¡una panzada de andar! Y todo cuanto encontré fue un cuarzo.
En una feria de minerales Expominer en Barcelona me encontré con el Sr. Mata Perelló que me proporcionó un mapa para encontrar el yacimiento de níquel pero entrando por Benabarre.
En esta ocasión fui en bici. El dato obtenido me daba una garantía de éxito. Ya en marcha llegué a Benabarre y tomé el camino ascendente que me conduciría al yacimiento. Si penoso era el asiento, aún más penoso fue el atravesar zonas por donde revoloteaban millones de insectos "picadores" que me acribillaban sin piedad; aún así, yo adelante tan rápido como podía para salir del 'picadero'. Al llegar a la zona encontré una piedra dorada con manchas verdes, ¿sería níquel?, que emoción. Cuando llegue a casa en Zaragoza mi gozo en un pozo, no era níquel y ya iba por el segundo viaje.
En otra feria me encontré con el Sr. Mata con quien comente mi desaliento. Entonces me dijo que había estado muy cerca del yacimiento y me dio nuevos datos.
Nuevamente en marcha. Esta vez desde Cerler rodeé el pico Gallinero, bajé por un barranco, atravesé un hermoso paisaje natural y llegue a Liri, de aquí a Castejón de Sos y otra vez a rodear el Gallinero pero esta vez me tropecé con un pastor y le pregunté por el lugar. Me mandó a una paridera donde había otro pastor que fue el que me dio la información. Me mandó a una torrentera junto a una cascada. Vi unas manchas verdes, piqué y ¡diana! Por fin encontré el níquel.
Tres veces, tres, la perseverancia dio su fruto, tengo mi muestra de níquel.
Boletín: ¿No piensas que es una pieza algo cara?
José: Si tú lo ves así. Mira, yo considero barata toda muestra cogida por uno mismo pues es mucho lo que veo, conozco y aprendo en mí caminar.

Otra interesante experiencia fue la del oro de Navelgas. Desde Zaragoza fui en tren hasta Oviedo, de allí en autobús a Tineo y de aquí a Navelgas andando bajo una lluvia intermitente que me caló hasta los pies. Hago noche y en la mañana me voy al río cerca del pueblo, moví por lo menos cerca de una tonelada de piedra y tierra sin ningún resultado. En vista de que solo no podía obtener nada, y ya a la hora de comer, regresé al pueblo para reparar fuerzas y preguntar por alguien que pudiera orientarme; me hablaron de un señor buen conocedor de este tema, lo busqué y lo convencí, no sin resistencia, para que me ayudara. Coge pico, pala y una lanceta y nos dirigimos al lugar adecuado, nada parecido a donde yo había estado; mueve unas piedras y la arena y me ordena llenar batea, comienzo mi tarea,... algo brilla dorado, mi emoción aumenta, meto el dedo y cojo aquella cosita, ¡puaf¡ es una pizca de mica. Continuo, nada de nada pero no me desanimo, otra batea y a trabajar. Poco a poco se va marchando lo más pesado y queda poco material,... menos y muy poco, al fin veo el premio a mi esfuerzo, una pepita de oro. ¡YA TENGO MI PEPITA DE ORO!

Visite las antiguas minas romanas intentando encontrar algo pero fue imposible.

Quizá creáis que es mucho el gasto de tiempo y dinero, pero ¿cuánto vale las lecciones que te dan los hombres y la naturaleza?


La batea es una herramienta imprescindible para el buscador de oro