EL MUSEO DE MINERALOGÍA DE PARÍS Y SUS TESOROS
Por Marina Aoiz - Boletín Nº 10

Dentro del recinto del Museo Nacional de Historia Natural de París, en un excelente paraje con árboles clasificados y sólidas construcciones, se encuentra el Museo de Mineralogía, donde se puede disfrutar de una clase práctica de gemología ante maravillosos ejemplares.

Además de cuarzos gigantescos, piedras emblemáticas del poder político y religioso con sus respectivas historias y joyas montadas en metales nobles, se muestran las herramientas y materiales empleados en un taller de talla de diamantes. Apreciar los dops, el tang, el scaife... facilita al estudiante la comprensión directa de lo que en una clase teórica cuesta aprender.

Al Museo se puede llegar en metro, en la línea 70 ( Jussieu ) y bajar en la estación de Austerlitz. Diversas publicaciones en lengua francesa aportan al visitante información sobre las colecciones y actividades del Museo.

De una de sus publicaciones titulada La piedra y el hombre, editada en 1987, presentamos la traducción de parte de un texto titulado Las piedras preciosas, escrito por Henri-Jean Schubnel.


La traducción e interpretación del texto se ha realizado por María Esquiroz y Marina Aoiz.
La mayoría de las piezas importantes del Tesoro del Museo tiene una historia ligada a la realeza y la búsqueda de datos en los archivos guarda todavía muchas sorpresas. Este es el caso de una larga esmeralda hallada en la colección durante la Revolución. Tallada en la antigüedad con trazas de señales rudimentarias en los costados (técnica mucho menos elaborada que el arte de pulir en Roma en los siglos II, III y IV ), corresponde exactamente a la "prima esmeralda" de la flor de lis central de la corona llamada de San Luis, que se encuentra en el cuadro de Pourbus en la iglesia de San Nicolás des Champs y que había sido fabricada en el siglo XII en Saint-Denis.

Las esmeraldas antiguas de estas dimensiones ( 32 x 24 mm ) eran rarísimas en los tesoros medievales, por lo que hay grandes posibilidades de que esta coincidencia sea exacta. La esmeralda de Julio II de la cúspide de la tiara confiscada a Pío VI por el Directorio, ¿ no había sido enviada al Museo por razones de interés mineralógico ?. Napoleón la devuelve a Pío VII, en 1804, con motivo de su consagración.

Si la historia de las copas italianas de los siglos XIV y XV, de jaspes amarillos y rojos y amatista, no ha sido descubierta todavía, varios jarrones preciosos de ágata, jade nefrita y cristal de roca son muy conocidos por haber pertenecido al cardenal Mazarino y a Luis XIV; así como algunas piedras preciosas facetadas provenientes de las colecciones de la Corona, cuyo "Gran Zafiro" o "Ruspoli", que era, según los inventarios de 1691, la tercera piedra del Rey, tenía un peso de 135,80 quilates.

El tesoro del Museo conserva también la más grande esmeralda de las colecciones de la Corona, utilizada como botón de vestidura del Rey Sol, en su montura hecha para ser cosida en el chaleco real, así como el zafiro bicolor, amarillo y azul, que adorna su espada.

Llegó tarde a las colecciones de la Corona el más bello ópalo comprado por Luis XVIII y que sirvió de cierre al manto sagrado de Carlos X. La Emperatriz Eugenia fue la última en llevarlo. Tras la venta de las joyas de la Corona en 1887, este ópalo fue donado al Museo.

Otras piedras de la Galería de Mineralogía del Museo también están cargadas de historia, como el diamante-retrato, tan plano que servía para cubrir una pequeña miniatura y que fue el centro de uno de los dos brazaletes ofrecidos a María Luisa por Napoleón I.

Tres mesas florentinas en marquetería de piedras finas llaman la atención por su magnificencia: una sobre fondo de mármol blanco muestra una corona rodeada por cantidad de pájaros con flores y un friso compuesto por dos filas de pórfido rojo, encuadrando por los cuatro rincones la base de los jarrones en lapislázuli, así como los cuatro elementos representados por animales.

En lapislázuli, jaspe , serpentinas, mármoles preciosos, como los brocados de España y el amarillo de Siena y otros materiales, esta gran mesa ( 264 x 137 cm ) fue encargada por el Gran Duque de Toscana, Ferdinand de Médicis, en el taller de Francesco Ferruzi en 1602 ó 1603. Su soporte original, en bronce, está formado por cuatro delfines.

La más maravillosa de las tres mesas tiene un fondo de mármol negro de las Ardenas con un decorado extraordinariamente refinado: pájaros, insectos y flores en lapislázuli, cornalina, ágatas, jaspes, serpentinas, amazonita y turquesa, y, en el centro, un collar de perlas sostenido por dos pájaros. Fue realizada a finales del siglo XVI y principios del XVII, según boceto del pintor Jacopo Ligozzi ( 1547 - 1626 ). Ferdinand II de Médicis la ofreció al cardenal Antonio Barberini, sobrino del Papa Urbano VIII.

La tercera mesa, parecida en su dimensión a la anterior, tiene también ricas incrustaciones en el mármol negro, como racimos de amatista y una granada de jaspe en su centro con las pepitas de granate.
Estas tres maravillas pertenecieron primero al cardenal Mazarino y más tarde a Luis XIV. Se puede suponer que las heredaron los sobrinos de Maffeo Barberini, el Papa Urbano VIII, cuando se refugiaron en Francia después de la derrota.
La mesa más grande fue enviada al Jardín del Rey ( el actual Jardín de Plantas ), bajo la orden de Luis XV, en 1748,para adornar el Gabinete Real de Historia Natural.

Esta obra maestra del arte lapidario está formada en su decoración interior por flores de lapislázuli, cornalina y jaspe rojo, sobre un fondo de mármol blanco como el del mausoleo del "Taj Mahal" en Agrá, donde existe la tradición de que un florentino fue a la India invitado por el Gran Mogol Sha Jahan para trabajar en la balaustrada que rodea los dos féretros.

Esta técnica de incrustación de piedras finas en el mármol todavía se practica actualmente en Agrá. De ahí la influencia lejana del arte florentino perfeccionando la decoración refinada del más hermoso monumento de la India Mogol. En el Museo se conserva, dentro de sus colecciones, un prototipo decorativo.