LAS MINAS DE REMOLINOS
Por Juan Mandado - Boletín Nº 4

Para el amante de los minerales, las inmediaciones de Zaragoza ofrecen una escasa oportunidad de ejercer su afición. En los Montes de Torrero pueden encontrarse algunos cristales de yeso, espejuelo de asno de nuestros mayores, que, en ocasiones, aparecen con formas auténtica¬mente espectaculares, como las cristalizaciones que algún afortunado tuvo oportunidad de recoger en las canteras de Fuentes de Ebro, desgraciadamente muy escasas y ocasionales, o alguna costra en rosa del desierto en los derrubios de los escarpes yesíferos de la margen izquierda del Ebro. Sin embargo, a pocos kilómetros de Zaragoza, en Remolinos, se encuentra una mayor variedad de especies mineralógicas, aun dentro de la escasez de la zona, y algunos ejemplares auténticamente excepcionales.

En esta localidad aragonesa se asienta desde hace siglos una importante industria de explotación de sal. Citada ya desde época romana, las explotaciones de sal de esta comarca han sufrido un gran número de vicisitudes, sin que en ningún momento haya cesado la explotación. Prueba de ello son las numerosas galerías que se abren en el escarpe de yesos en los alrededores de Remolinos y en las laderas del Barranco de la Salada.
Es posible acceder a muchas de estas galerías, aunque el estado de abandono de las mismas y la fácil solubilidad de la sal desaconsejan su exploración, existiendo un riesgo considerable de derrumbes, especial¬mente en las zonas más externas.

La mina más importante de la zona fue la Mina Real, hoy cerrada, en la que existen kilómetros de galerías, algunas en muy mal estado, y en la que podría estudiarse la evolución de las técnicas de explotación, desde las galenas más estrechas, cavadas a golpe de pico, a las grandes salas de los últimos años de explotación, de unos seis metros de altura y frentes de más de veinte metros, excavadas con explosivos.
En Remolinos, el paquete explotado es una formación evaporítica constituida por una alternancia de halita, en bancos de grano grueso, y anhidrita nodular (el "pedernal" de los mineros), que aparece dispersa entre la halita o en capas más o menos continuas, con arcillas grisáceas. Excepcionalmente, en las zonas de disolución, es posible encontrar cubos de halita, de gran pureza, la llamada sal de compás.
La potencia total de estas evaporitas se aproxima a los cien metros, hay numerosos datos de sondeos, aunque sólo se explotan los metros superiores.

La localización de los niveles con sales es relativamente fácil. El escarpe dejado por el Ebro en las inmediaciones de Remolinos muestra un nivel muy continuo, de unos veinticinco metros, de arcillas rojizas, en el que se intercalan tres capas de yeso alternando con margas, el nivel guía de las tres vetas; en la base de estas arcillas se corta un banco de sal, muy mezclada con arcillas y margas, de unos siete metros, no explotado y que se deja como techo de las explotaciones, y bajo éste están los niveles de mayor pureza, que los mineros de la región denominan cuerpo alto, con los tramos "flor", "banquilla" y "banquera", cuerpo medio o "cinco palmos" y cuerpo hondo o "flor". Especialmente interesantes son los tramos de "flor" y "banquera", en los que la pureza de la sal es muy elevada.

La ubicación de nuevas galerías se realiza siempre a partir del nivel guía de las tres capas, realizando una corta ligeramente inclinada, que atraviesa el banco de sal de cobertera y permite acceder a los niveles inferiores de sal más pura.

Como he dicho anteriormente, son muy numerosas las galerías abandonadas, antaño debió haber una floreciente industria familiar de explotación de la sal, algunas de muy reducidas dimensiones y transfor¬madas en viviendas; aunque hay otras de mayores dimensiones, como la situada a media altura en el escarpe, antes de llegar al pueblo de Remolinos, justo frente a la curva que hace la carretera apartándose del escarpe. Esta galería debió ser objeto de explotación industrial y, aunque de acceso difícil y peligroso en los primeros metros, puede explorarse con las debidas precauciones. Se accede a ella por una estrecha y empinada rampa, antes había escaleras, y los primeros metros son los más peligrosos, ya que se ha abierto una sima cerca de la entrada, en la zona en la que los ojos no se han adaptado aún a la oscuridad, por lo que hay que entrar con muchas precauciones y buscando la zona más segura, en el lado izquierdo. Ya en el interior hay una amplia sala, de escasamente dos metros de altura, con varios entrantes, de la que salen dos galerías que deberían llegar hasta los antiguos frentes de explotación; pero derrumbes del techo hacen el paso casi infranqueable y considera¬blemente peligroso, por lo que es totalmente desaconsejable penetrar en ellas, tanto más en cuanto que las características de las sales en el frente de explotación son totalmente similares a las que se pueden apreciar en la sala de la entrada, en la que se pueden recoger muestras de sal y anhidrita de los bancos, aunque con un cierto esfuerzo; también se pueden recoger estalactitas y estalagmitas de halita, formadas a partir de filtraciones, poco espectaculares, aunque curiosas.

En dirección a Tauste, a unos dos kilómetros de distancia, a la altura de las ruinas de una fábrica de lejías, parte un camino hacia las antiguas labores de la Mina Santa Pola, abandonada hace unos doce a quince años, cuyo acceso es mucho más cómodo y seguro, aunque eso sí, debido a las grandes dimensiones de la sala es aconsejable ir provistos de una linterna muy potente para apreciar las auténticas dimensiones de la explotación. En ella es posible tomar muestras de sal y anhidrita e, incluso, pueden localizarse algunas zonas con sal de compás.

Fuera de las minas, en el barranco de la Salina, el aspecto cambia radicalmente. Las sales más solubles se disuelven y la anhidrita se hidrata a yeso, por lo que no hay evidencia de la presencia de sales, salvo por la formación de costras en verano. La presencia de estas costras es lo que debió llamar la atención de los primeros que explotaron las sales de Remolinos. Es indudable que los romanos, excelentes ingenieros, supieron interpretar adecuadamente las señales y dedujeron el potencial minero de esta zona, y es seguro que algunas de las galerías que se abren a este barranco fueron excavadas por esclavos y, de hecho, en las oficinas de la compañía minera Purasal, que antaño explotaba la Mina Real, había restos de antiguos candiles de aceite que se suponían de esta época. Estas galenas son extremadamente peligrosas, pues al estar expuestas a la escorrentía superficial de las esporádicas tormentas deben presentar gran cantidad de socavones, infiltraciones y derrumbes.
Estacionalmente se pueden localizar costras de mirabilita en las depresiones del barranco. Esta sal se forma por la mezcla de aguas cargadas de sal y aguas de disolución de yesos, y debe manipularse con mucho cuidado, pues se deshidrata muy rápidamente a thenardita.

A la salida del barranco hay balsas de evaporación, en las que se cristaliza una sal muy pura a partir de los materiales de peor calidad extraídos de las minas.
El fenómeno más interesante de toda la zona se encuentra en la misma desembocadura del barranco de la Salina.

En los niveles arcillosos situados un poco más altos que la desembocadura del barranco, en la zona en la que se han excavado algunas cuevas, es posible observar la existencia de unos cubos, deformados por el peso de los sedimentos, con caras en tolva, perfectamente identificables como cristales tolva de halita, aunque actualmente la halita haya sido reemplazada por yeso en un proceso muy lento que ha permitido preservar tanto su forma como textura interna. Lo más interesante de estos cristales no es su forma ni composición, sino sus dimensiones. Es frecuente encontrarlos de quince a veinte centímetros de lado e, incluso, se puede observar alguno, como el de la fotografía, de más de cincuenta centímetros. Estos ejemplares son absolutamente excepcionales y no hay citas de otros de dimensiones similares en la bibliografía sobre el tema. Por supuesto, son sumamente frágiles y es muy difícil encontrar alguno completo y en buen estado, ya que están expuestos a la meteorización.

Por último, tampoco hay que desdeñar la belleza paisajística de la zona; desde lo alto del escarpe es posible disfrutar del contraste entre las terrazas del Ebro, siempre verdes, y el paisaje áspero y árido de nuestras lomas de yesos, con la Plana sobre ellos. Es paradójico, y puede llevar a interesantes reflexiones, observar la diferencia entre esa delgada cinta de agua y vida del Ebro que discurre, sin apenas-dejar huella de su paso, entre los montes calcinados de la mayor parte de nuestra geografía; os recomiendo que, si os acercáis a Remolinos, no os lo perdáis.

Un consejo final, no olvidéis que el acero templado es muy poco adecuado para golpear la sal, puede llegar a romperse, y que cualquier herramienta empleada debe lavarse después cuidadosamente para evitar que se oxide.