POR LA PROVINCIA DE TERUEL
Por José Luis Larroy - Boletín Nº 3

Uno de los retos que nos planteamos cuando corría por nuestra mente la idea de formar la Asociación Mineralógica Aragonesa era la de organizar excursiones colectivas. Pretendíamos con ello ofrecer a los futuros socios y "simpatizantes", y a nosotros mismos, la oportunidad de conocer y visitar distintas minas, algunas de ellas todavía en explotación, y afloramientos sueltos de minerales; y ello sin necesidad de ir muy lejos, pues por aquí cerca, y por extensión en todo Aragón, hay numerosos lugares, muchos de ellos desconocidos para la mayoría de nosotros, dignos de ser visitados por los aficionados a la mineralogía.

También conseguiríamos, además de conocer un poco mejor la tierra en que vivimos, conocemos un poco mejor quienes nos sentimos unidos por esta afición, acrecentarla, fomentarla entre los más jóvenes, estrechar relaciones y, por supuesto, conseguir algunas piezas para nuestra colección, ésas que, aunque no sean las mejores, son las primeras que solemos mostrar a los amigos, pues tienen el mérito de que las hemos conseguido nosotros mismos, y, de paso, les contamos lo bonito que era el lugar, lo bien que lo pasamos, los esfuerzos que tuvimos que hacer para obtenerlas, etc., etc.

Con esa idea, al poco de constituirse la Asociación organizamos la primera salida y el lugar elegido fueron las minas de sal de Remolinos.

Como el amigo José Miñana ya nos narró en el Boletín N° 2 nuestras andanzas "pasadas por sal" de esta excursión, doy un salto en el tiempo y ya nos encontramos con ganas de efectuar una nueva salida.

El verano se nos echa encima, por lo que hay que darse prisa antes de que lleguen las vacaciones y nos dejemos de ver por una temporada. Fijamos la fecha para el 25 de junio, confiando en que los chavales ya habrán acabado los exámenes. En esta ocasión nos vamos a ir un poco más lejos, pues nos moveremos por la Provincia de Teruel.
Conseguimos llenar un autobús de 55 plazas (sólo sobró una, lo cual ya es un éxito) y el día señalado, a las 8,30 de la mañana, iniciamos la salida desde donde suelen salir de Zaragoza la mayoría de autobuses cargados de excursionistas: la puerta del Paraninfo de la antigua Universidad.

El día está algo nublado, lo cual se agradece, pues, para la época en que estamos, sí al sol le da por pegar fuerte podemos achicharrarnos; pero no, hay suerte y durante todo el día se mantiene una temperatura bastante aceptable.

El viaje transcurre sin novedad entre comentarios sobre las últimas adquisiciones de unos, excursiones de otros y las instrucciones que Femando Gascón, micrófono en mano, nos va dando a lo largo de toda la jornada.

Pasamos por Belchite, Lécera, Muniesa y, a media mañana, llegamos a Cortes de Aragón, donde nos detenemos en un bar junto a la carretera. Allí almorzamos, cargamos baterías y salimos dispuestos a enfrentarnos con todas las minas que se nos pongan por delante.

Arranca el autobús y poco después para de nuevo, ya hemos llegado a nuestro primer destino. Bueno, no tanto, pues todavía nos queda una pequeña caminata de cerca de media hora.

Se reparten bebidas que la "organización" había adquirido en previsión de que el día fuera caluroso, cada uno prepara sus herramientas de trabajo, mochila a la espalda y a la mina!

Al principio andarnos por un camino bastante cómodo entre carrascas, pero poco después lo dejamos para coger el trazado del antiguo ferrocarril minero de vía estrecha de Utrillas. Vamos en grupos hablando, el paseo se hace corto y pronto vemos al fondo las escombreras y las ruinas de las instalaciones de una mina. Ahora sí podemos decir que hemos llegado a nuestro primer destino: la mina "Antillón".

Las ruinas de las instalaciones ofrecen poco para ver, aunque, entre ellas, todavía se observan los restos de la fundición, con la entrada al horno, y el pozo y lavadero. Sobre el conjunto destaca, un poco apartada, la antigua estación de "Las Minas", que, milagrosamente después de tantos años, todavía se conserva en pie.

Para cuando nos queremos dar cuenta ya nos hemos dispersado por las escombreras y se empiezan a oír martillazos por todos lados. Pronto aparecen las primeras muestras de galena. Es cuestión de comprobar qué piedras pesan más de lo normal: allí hay plomo.
Vamos subiendo por las escombreras ladera arriba y siguen apareciendo nuevas muestras. También se encuentran piezas de baritina y hay quien tiene la suerte de encontrar algunos cristalitos de cerusita.

El día sigue nublado, ni llueve ni hace calor, ¡estupendo!, pero es hora ya de retirarse, aunque Pepe Uña todavía apura el tiempo para obtener algunas fotografías. Desandamos lo andado, un poco más cargados que a la ida, y ya estamos subiendo al autobús. Se acabó la primera parte del programa, misión cumplida y de nuevo en marcha.

Pasamos por Segura de los Baños y al llegar a Vivel del Río Martín nos separamos unos metros de la carretera para acercamos a unas escombreras de las minas de carbón de esa zona. Femando Gascón nos enseña unas muestras de mullita, explicándonos cómo se han producido por calcinación de las arcillas por los restos de carbón que hay en las escombreras. Cerca de éstas se ven sobre el terreno algunas manchas blancas de caolín.

Hay que seguir adelante, pasamos por Martín del Río, Montalbán y ya hemos llegado al segundo punto de nuestro itinerario.

Para el autobús, despedimos al conductor para que se vaya a comer y caminamos unos pocos metros entre pinares hasta encontrarnos con los restos de lo que fue una fábrica de cerámica o tejería, como más frecuentemente se suele denominar. Destaca de su conjunto la esbelta chimenea octogonal, ligeramente inclinada en su parte superior hacia el Norte, lo cual se debe a dilataciones térmicas diferenciales entre la cara Norte, más soleada, y la Sur más sombría, y que se conserva en muy buen estado.

Bueno, a lo que íbamos. Es decir, a comer, que ya es hora y además creo que nos lo tenemos muy merecido. Nos dispersamos bajo los árboles y entre los restos de la tejería, piscina incluida, y en un ambiente de amistad y camaradería, como no podía ser menos, descansamos de los esfuerzos matutinos y reponemos fuerzas todos: mayores, medianos y pequeños.

El lugar es muy agradable y estamos a gusto, por lo que apetece quedarse más tiempo; pero allí no hemos ido a contemplar el paisaje, sino a buscar cristales de yeso, conque ¡a lo que estamos!

Empezamos a subir por un pequeño barranco y ya desde el principio vamos encontrando algunos trozos de yeso. No es cuestión de ir llenando las bolsas tan pronto, y menos si no son buenas piezas, y seguimos subiendo por el barranco, hasta que nos encontrarnos con unas capas de margas lignitosas, materialmente cubiertas por cristales de yeso. Ya hemos llegado y, de nuevo, nos dispersamos dedicándonos a su caza y captura.

Quien más, quien menos, todos nos encontramos satisfechos con las piezas que vamos recogiendo. Las hay para todos los gustos: unas con las caras y aristas bien conformadas, otras limpias y transparentes, otras con inclusiones carbonosas, maclas muy curiosas, algunas asociaciones "en abeto", etc., etc. Por los alrededores también se ven vetas de óxidos de hierro muy meteorizadas y grandes nódulos de septaria con sus grietas rellenas de calcita de color caramelo.

De los troncos de árboles fósiles que en visitas realizadas hace unos años era frecuente encontrar, en esta ocasión apenas vemos algunos pequeños restos. ¿A dónde han ido a parar?

Hay tantos y tantos cristales que el tiempo se pasa sin que te des cuenta. Poco a poco vamos descendiendo por el barranco, no sin que antes Pepe Uña saque sus consabidas fotografías de algunas piezas "in situ".

Pero, ¡en fin!, todo se acaba en esta vida y también la excursión está llegando a sus últimos momentos. Regresamos al autobús, que ya nos está esperando, metemos los bártulos dentro y cuando ya estamos casi a punto de arrancar nos damos cuenta de que no estamos todos, falta uno. ¿Quién?: el trotamundos José Ayala.

¿Se habrá perdido entre los pinos? o, más bien, ¿habrá encontrado algún cado repleto de maravillas que los demás no habíamos sido capaces de ver? Ni una cosa ni la otra, al cabo de un rato aparece tan tranquilo y sonriente como si la cosa no fuera con él.

Ahora sí que ya estamos todos, conque media vuelta y a casa. El viaje de regreso se hace tan ameno como el de ida y cada uno va enseñando a los demás las mejores piezas que ha conseguido a lo largo del día.

Y así transcurrió y se acabó esta segunda excursión colectiva organizada por nuestra Asociación. Al igual que con la primera, todos salimos con la conclusión de que, sin lugar a dudas, había merecido la pena, de que habíamos disfrutado un montón y de que había que ir a por la tercera.

Pero como teníamos el verano encima, eso ya era cuestión de dejarlo para más adelante. ¡Hasta la próxima!



Alrededores Mina Antillón Segura de Baños (Teruel)



Alrededores del barranco de la tejería Montalbán (Teruel)