EXCURSIÓN A LA MINA LA ESTRELLA DE PARDOS, MOLINA DE ARAGÓN Y LUZÓN              Por José Miñana y Vizmanos - Boletín Nº 5

Una vez más, y es la tercera, que hemos cubierto el expediente de dar un motivo de alegría a nuestros amigos de la Asociación y los simpatizantes que nos acompañaron.

Con puntualidad acudimos, el día 8 de abril, al lugar de encuentro con el autobús hasta 47 asistentes, de los que 14 eran menores de 16 años. Esto alegra nuestro ánimo por ser muestra del interés que suscita nuestra Asociación.

Ya salimos. Charla animada. Proyectos. Sugerencias para futuras ocasiones. Mientras voy haciendo los cobros, me entero del estado de ánimo de los componentes de los grupos. Esto cala, se ve que "no es paja" nuestra Asociación. Me gusta.


Acercándonos a Daroca, nuestro amigo Pep Gisbert sugiere pasar por la nueva variante de la carretera para comentar un detalle geológico. Resultó ser interesantísimo, la lección del día. Desde la distancia se observa a la altura de la muralla circundante a Daroca y en su Puerta Alta, bajo un torreón, una coloración contrastada en el tono de las rocas: Una parte superior ocre, perteneciente a rocas del Cámbrico, y otra inferior rojiza, del Mioceno. Esto que parecería un contrasentido, pues no pueden depositarse materiales más antiguos (Cámbrico, era Primaria) sobre otros más recientes (Mioceno, era Terciaria), se debe a haberse producido un cabalgamiento de unos materiales sobre los otros, observándose claramente el plano de fractura. Rareza impresionante y magnífica. Acompáñanos más veces, Pep.


Habían pedido hacer algunas compras en Daroca algunos de los asistentes. El chofer Sr. Regueiro, con su amabilidad de costumbre, nos metió en el pueblo en un pis-pas, dejándonos en la Puerta Baja. Los recuerdos acudieron a mi mente trayéndome los años de la infancia en que aquí viví. Aunque algo cambiado el entorno, todo estaba igual. La monumental Puerta Baja, coprotagonista de muchos acontecimientos históricos, estaba restaurada con un aspecto grandioso. Junto a la fuente, aunque cambiada de lugar y donde esta estuvo, se halla el monumento a la piedra del molino.


Puestos en marcha nuevamente, recreamos la vista con el paisaje. Nos vamos acercando a tierras de Castilla. Se nota al ver construcciones, ya derruidas, de castillos, testigos de hechos pasados de la historia. Nos dirigimos hasta Rueda de la Sierra, y desde allí hasta Pardos. A unos 2 Kms, tras circular por un pista en buen estado, un corto trecho, nos detenemos en un paraje con un aspecto algo desolador, una dehesa. Nos apeamos del autobús. Con nuestras mochilas a la espalda, tomamos el camino de ascenso hacia la mina.


Llegamos al altozano y vemos a la izquierda las ruinas de una casa con algunas paredes todavía erguidas. A la derecha quedan algunos restos de edificaciones, aunque están en peor estado todavía. Unas y otras nos sirven en algún momento para refugio y sombra. Una amplia escombrera en la que todas las piedras tienen indicios de mineral, caracteriza el lugar. Algunos zanjones aquí y allá, e incluso hay galerías de entrada a algunos corredores y pozos. La mina parece estar encajada entre cuarcitas del Ordovícico y grauvacas y rocas volcánicas del Estefaniense (Carbonífero). De cualquier manera la roca es muy dura y va a destrozar nuestros mazos y martillos.


Tenemos dos horas para encontrar, si sabemos, todo cuanto nos han dicho: Azurita, Malaquita, Himetita, Clinoclasa, Baildonita, Bindheimita, Crednerita, Olivenita, Baritina, Tetrahedrita, Galena, Pirita, Calcopitita,.... Poco a poco nos esparcimos por la zona. A mi me acompaña la joven Ana, hija de unos amigos de Gallur. Con sus menudos ojos, pero inquisidores, no deja ni una sola pieza sobre el suelo; todo se lo quiere llevar, como un trozo de yeso procedente de la construcción, porque es recuerdo del lugar. ¡Pepe!, dice con expresión feliz, ¡mira ésto!, ¿podría ser plata?. Por si acaso, con mucho cuidado, lo meto en un sobrecito y lo guardo. En casa y con un imán descubro que es hierro, el resto de un martillazo. Lo siento, Ana.


Ya son las dos, hay que comer, damos el aviso y marchamos hacia el autobús. Al llegar a éste, el "Secre", Fernandico, que está en todo, nos sorprende con un refresco que nos deja a todos contentos, ¡gracias, chaval!


Bordeamos el admirable pueblo de Molina de Aragón a la altura de su espectacular muralla. Desde allí nos conduce el chófer a un singular paraje a través de un desfiladero. Se trata del antiguo monasterio de Nuestra Señora de la Hoz, junto al que discurre un río truchero, el Río Gallo. Grandes árboles nos proporcionan sombra fresca junto al río. Cada cual busca su acomodo para comer, algunos lo hacen en el restaurante cercano, y casi todos nos encontramos allí para el café. El momento es grato. Algunos aprovechan para hacer una visita al lugar. Asombra la grandiosidad del paisaje, rocas cortadas en plomada, erosiones por agua y aire. La Naturaleza hace maravillas.


A las cuatro, ya recuperados, montamos en el autobús y nuevamente en marcha hacia Molina de Aragón. En sus cercanías y a la orilla del río Gallo nos dejan por espacio de 15 minutos buscar aragonitos. El lugar reviste cierto riesgo, pues el afloramiento es un talud de la carretera, muy inclinado y con algunos cortados con caída hacia el río.


Los aragonitos aparecen en unas margas rojas, yesíferas, pertenecientes a la formación que los geólogos denominan Keuper, del periodo Triásico. Debe de resultar imposible buscar nada allí cuando esa marga arcillosa, plástica, se encuentre húmeda por lluvias o nieves recientes. Avisamos a todos los presentes del riesgo y la precaución que hay que tener en el lugar. Todos encontramos aragonitos, con más o menos calidad. Aunque sean algo pequeños, están bien formados y son de la LOCALIDAD TIPO para la especie.

Cumplido el tiempo, y ya de camino al coche, veo un grupo que se ha formado en las cercanías de éste. Evaristo, con su caudal de conocimientos, ha visto un yacimiento de tobas calizas con impresiones de vegetales. A esta altura del relieve ha debido de circular una corriente de agua cargada de carbonatos, en tiempos no muy remotos del Cuaternario, y los ha depositado incrustándolos en las plantas que crecían en sus proximidades. Casi todos recogemos alguna muestra de la roca, con moldes de raíces y hojas fosilizadas.

Ya hemos recorrido mucho del itinerario previsto, pero nos queda una última visita. En Luzón hay aragonitos "negros". ¡Pues vamos a Luzón!. En la entrada del pueblo nos apeamos junto a la fuente, y tomamos el camino de enfrente que atraviesa el pueblo con dirección al monte. Es el camino que ha de conducirnos al yacimiento. No tardamos en encontrar aragonitos, al llegar a las margas rojas del Keuper. El grupo se esparce, aunque finalmente se concentra en torno a un lugar, junto a una barranquera, donde la marga es más oscura y negruzca. Es allí en donde aparecen los aragonitos "negros". En realidad se trata de aragonitos con muy bajo color, e incluso incoloros, los cuales están teñidos de negro por las inclusiones de marga que contienen. La proximidad del arroyo proporciona mucha humedad al entorno, haciendo difícil la recolección por estar la marga muy plástioa y compactada. De esta manera la roca desprende mal los aragonitos, y muchos de ellos son rotos, sin querer, a golpes de martillo. Los cristales son grandes, aunque mal terminados en general. Hay muchos.


Me paro y observo, hay cierto afán lógico. Se quiere encontrar la mejor pieza o la mayor cantidad de ellas. Alguien dice que va a regalar aragonitos a los de su clase, otro que se va a guardar una bolsa llena. A éste último, una persona mayor le dice que no es bueno obrar así: mejor coge lo que te guste y deja el resto para otros. Le ayuda a seleccionar algunos ejemplares, entre ellos está, probablemente, 8l más bonito y grande de todos los encontrados. El zagal se queda contento.


Casi a media colina veo una figura arrodillada y con las narices pegadas al suelo, está buscando Jacintos de Compostela, tiene un aspecto cómico pero está buscando, ¡ánimo Vicentet! Nuestro amigo sabe que en el Keuper, allí donde aparecen aragonitos, también pueden aparecer pequeños cuarzos biterminados. Denominados Jacintos de Compostela si son rojizos, también pueden aparecer de otras coloraciones o incoloros, pues su color depende en gran medida de las inclusiones de la roca en la que se han desarrollado. Aquí, en Luzón, son muy pequeños y casi incoloros. En Molina de Aragón los había también incoloros, blancos y rojizos, aunque pequeños de igual manera. Estas áreas no son las mejores para los Jacintos de Compostela.

Me viene a la memoria que hace rato no veo al "merodeador", el que no se conforma con picar donde todos y ha de buscar en otros parajes. Me preocupa un poco porque ya se acerca la hora de regresar, y no es la primera vez que se despista del grupo. Voy dando avisos para que se deje de picar y se recoja el material obtenido. Llamo a los más lejanos; nos reunimos todos menos uno. Lo llamo a gritos: iJoséééééé!, ¡ni flores! José Ayala está ¿quien sabe donde?... Nos ponemos en marcha hacia el coche y mientras ando el camino lo voy llamando, por fin lo veo que viene con paso ligero. Le había prometido que lo dejaba en tierra si no llegaba a tiempo. Llegó.

Ya en la zona del autobús nos vamos enseñando lo obtenido. Se ven bonitos ejemplares y hay gozo en las caras de los descubridores. Son las 7 de la tarde, hora de tomar el autobús y emprender el camino de retorno. Volvemos por Alcolea del Pinar y Medinaceli. En total, un día largo y bien ocupado. Se escuchan comentarios satisfactorios y ánimo para la organización de otras marchas. A mí, particularmente, me gustaría, no tardando mucho, llenar dos autobuses. ¡Gracias a todos! y, sinceramente, NOS LO PASAMOS COMO ENANITOS MINEROS.