EXCURSIÓN A LAS CUEVAS DE LA ARCILLA Y LA SOLEDAD EN CALATAYUD (ZARAGOZA)
Por María Antonia Royo

Un lunes de marzo de 1998, con sol de primavera, nos dirigimos Toni y yo (Mª Antonia) a buscar Epsomita. Nos habían hablado de ella y la curiosidad hizo que fuésemos en su búsqueda. Preparados con linternas, bolsas, cajas y demás utensilios, nos dirigimos hacía Calatayud al lugar donde se encuentran las cuevas de la Arcilla y la Soledad.





Una vez allí, aparcamos el coche en un lateral de la carretera, y nos adentramos en la cueva de la Soledad ya que la otra estaba en condiciones pésimas. Me imagino que hoy en día, aún estarán las dos después de tanto tiempo. Cogimos las mochilas y linternas y subimos una pequeña pendiente sin apenas dificultad. Cuando entramos en la cueva había poca luz, ya nos habían dicho que la Epsomita crecía en el interior y en oscuridad, así que nos fuimos metiendo hacia dentro, y seguimos buscando alumbrándonos con las linternas. Al fondo de la cueva, con gran dificultad, vimos unos pelos largos, sedosos y brillantes. El techo de la cueva estaba casi hundido y tuvimos que ir arrastrándonos para poder llegar a ellos. Tomamos algunas muestras que introdujimos en cajas que precintamos con celofán para que no tuvieran contacto con el aire del exterior. Estuvimos alrededor de una hora y media en el interior más profundo, casi a oscuras, sólo con la luz de las linternas. Una vez conseguido el objetivo, salimos de la cueva y por fin, respiramos el aire del exterior.





La Epsomita es un sulfato de magnesio, y sodio hidratado, de brillo sedoso, y sus cristales pueden ser agregados fibrosos, costras, estalactitas, eflorescencias, etc. Pierde agua en contacto con el aire y por tanto, su brillo transformándose en Hexahidrita. Se limpia sólo con alcohol, y se conserva en recipientes cerrados.

Además de formarse en cuevas, también lo hace en lagos salados. Se han encontrado cristales de gran longitud en lugares como Gran Bretaña. Es un mineral raro y escaso ya que los lugares en los que crece no son muy accesibles.





En Aragón tenemos estas y otras cuevas donde podemos encontrarla. La Epsomita se encuentra aquí entre margas formando agregados fibrosos, a veces curvados, que salen de las paredes y techo como penachos y que llegan hasta el suelo alcanzando unos 50 centímetros. En la boca de entrada a la cueva, el mineral se altera por deshidratación y se convierte en Hexahidrita pulverulenta. Esto mismo sucede en el plazo aproximado de una semana si está en contacto con el aire. Cuando tomemos muestras de Epsomita, hay que hacerlo con cuidado, sin arrancarla bruscamente ni con matriz; hay que cortarla, dejando una parte para que pueda regenerarse y vuelvan a crecer nuevas fibras.