EXCURSIÓN AL YACIMIENTO DE SÍLEX “LOS PEDREÑALES” DE AZAILA
Por Julio Moreno Jaime

Azaila, es sin ningún género de dudas, uno de los más emblemáticos yacimientos minerales de Aragón, tanto por la calidad como por la cantidad de muestras que, a lo largo de muchos años, ha proporcionado a la enorme cantidad de aficionados, no sólo locales sino, me atrevo a decir, de todo el territorio nacional e incluso del extranjero, que hasta este yacimiento hemos ido, unos más y otros menos, frecuentemente a la búsqueda de los hermosos ejemplares que la Naturaleza nos ha ofrecido en este lugar.


Se encuentra a escasos 2 Km del yacimiento ibero-romano denominado “Cabezo de Alcalá”, a las afueras de la localidad de Azaila, en la provincia de Teruel, lindante con la de Zaragoza de la que está apenas a 45 minutos en coche, razón por la que es un yacimiento “socorro” para los que en cualquier día que nos apetece salir “para volver a comer a casa”, se convierte en un objetivo apetecible y cercano. El paraje es llamado “Los Pedreñales”.

Como ya hemos dicho, ha proporcionado a lo largo de los años centenares, sino miles, de ejemplares, por otro lado no muy variados, de muestras, algunas de ellas extraordinarias, como celestinas, cuarzos en distintas variedades (amatistas, ahumados, hialinos, calcedonias, ágatas,…)algunos (pocos) yesos cristalizados en el interior de geodas, y otros minerales raros como tyuyamunita, muy apetecida por los coleccionistas de sistemática, y algún otro que todavía está por identificar pero que seguro alguno de nosotros guardamos hasta que alguien nos diga qué es. Salvo estos “raritos”, la inmensa mayoría salen dentro de las vacuolas o geodas que presentan los nódulos de sílex que son la matriz de todos ellos, si bien hoy en día no son tan abundantes como en otro tiempo no muy lejano, y que como, hemos dicho, se hallaban en cantidades sorprendentes sobre el terreno.



Hoy en día, el paisaje campestre del yacimiento está sembrado, literalmente, de millones de esquirlas producto del enorme trabajo de troceado de los bloques y nódulos de sílex, que muy trabajosamente hay que realizar para tratar de encontrar los “tesoros” que ocasionalmente se hallan todavía, en el yacimiento.

Es, como digo, una labor penosa y peligrosa, dado que el material en el que se trabaja es muy propicio para que las esquirlas en las que se rompe el sílex, salgan disparadas “como balas”, y no exagero, y que pueden ocasionar, y de hecho así ha sido, serias heridas en aquellos que no van suficiente y convenientemente protegidos con gafas o pantallas faciales, guantes, manga y pantalones largos. En fin, gratificante pero arriesgado. No hay que correr el riesgo a perder un ojo o darse un profundo corte con los filos del sílex que cortan como cuchillas de afeitar, y amargar un día de asueto y placer.

Azaila, como ya hemos dicho, ha dado muchas alegrías a un montón de aficionados, y como no sabemos la extensión real del yacimiento, estamos convencidos de que, aunque tiempos pasados fueron mejores, Azaila seguirá dando excelentes ejemplares de la susodicha celestina y de los cuarzos amatistas que, por separado o en conjunto, han distinguido este yacimiento. (sed muy prudentes y precavidos con la seguridad. Es fundamental).