Presentamos un nuevo artículo de nuestro colaborador Jesús Callejo. Tras habernos entretenido en anteriores boletines hablándonos del "Oricalco" y de "Las piedras de virtud", en éste nos cuenta historias y anécdotas sobre algunos objetos que fueron, supuestamente, entregados a terrícolas contactados por seres extraterrestres en sus visitas a nuestro planeta.

Aparte de narrarnos, como decimos, algunas curiosidades y características de estos materiales, nos introduce, aunque sea de paso y de forma muy superficial, en el fenómeno OVNI.

PIEDRAS, METALES Y OTROS RESTOS "EXTRATERRESTRES"
Por Jesús Callejo - Boletín Nº 11

Desde los mismos inicios del fenómeno contacto, muchos de sus protagonistas aseguraron haber recibido de los extraterrestres pedazos de metal, piedras y otra serie de "regalos" de la más diversa consideración. No obstante, hasta ahora no se ha demostrado la naturaleza alienígena de estos objetos, entre otras razones porque muchos de ellos están, en este momento, en paradero desconocido.

La mayoría de los objetos entregados por extraterrestres a contactados y que han sido analizados, están formados por materiales terrestres, pero combinados en proporciones extrañas.

Existen, al menos, dos museos donde se albergan toda clase de "recuerdos" extraterrestres: desde pedazos del fuselaje de las naves hasta comida ofrecida a los contactados. Su utilidad es más que discutible, pero la historia y aspecto de estos objetos (evidencias para algunos) es bien llamativa. Uno de estos museos está ubicado en Córdoba (Argentina) y se llama precisamente Museo de Objetos Extraterrestres. El otro, como no podía ser menos, se localiza en Roswell y contiene supuestos fragmentos del OVNI siniestrado en 1947.

Pero con independencia de lo nutridas que estén esas dos galerías de todo este tipo de materiales, hay muchos otros objetos singulares que no contienen por encontrarse esparcidos por muy diferentes partes del mundo. Objetos que han llenado de admiración a unos, de estupor a otros y de incredulidad a la mayoría, pero que ahí están como "prueba" de la existencia de estos seres del espacio o, cuando menos, como vestigios de lo absurdo o de lo inefable.

En los numerosos acercamientos que estas supuestas inteligencias extraterrestres efectúan a nuestro planeta, las únicas pruebas que suelen dejar de su paso son fugaces y borrosas fotografías, indelebles huellas en el suelo o atropellados testimonios del ocasional testigo o contactado que asegura, a pies juntillas, haber visto un OVNI y/o a sus ocupantes. Pero a veces (y aquí está uno de los aspectos más interesantes), dejan "olvidados" objetos de apariencia mineral. Y aunque la verdad es que no hay muchos de tales pedruscos, alguno hay.

Así sucedió, por ejemplo, a finales de setiembre de 1989 cuando los científicos del Laboratorio de Geofísica de Voronezh, 500 kms. al sureste de Moscú, ratificaron el aterrizaje de un OVNI en un parque de la ciudad, según informó a todo el mundo la agencia soviética Tass. Genrij Silanov, jefe de dicho laboratorio, confirmó que al lado de las huellas dejadas por el OVNI se encontró una misteriosa piedra de color rojo oscuro. El análisis mineralógico de la roca demostró que en la Tierra no existe una análoga.

Cuatro años antes, el 29 de enero de 1985, el diario soviético Industria Socialista publicaba la noticia de que, según análisis realizados por científicos soviéticos, un fragmento de roca encontrado a orillas de un río en los Urales no procedía de un meteorito, sino que era una "piedra artificial". Pero su composición no correspondía a la de ningún material terrestre. Los científicos rusos no excluían la posibilidad de que ese "fragmento de roca" hubiese sido fabricado por seres extraterrestres en algún otro lugar de nuestro sistema solar o, incluso, en la misma Tierra. Según los datos obtenidos, de su estructura estratificada se desprende que se formó bajo una presión de varias decenas de miles de atmósferas. El fragmento contiene un 67,2 % de cerio (Ce), metal que tiene un brillo plateado, un 10,9 % de lantano (La), metal color de estaño, y un 8,78 % de neodimio (Nd), un metal muy raro. El resto está formado por hierro y magnesio. Su radioactividad es 140 veces superior a la de las rocas terrestres. En resumen, un material cuya composición "no es de este mundo".

Resulta tan difícil explicar el origen de esta curiosa "piedra", aparentemente sintética, como el otros hallazgos similares. Por ejemplo, las que obtuvo el abducido Charles Huckson en Pascagoula, Mississippi, en 1973. Más que piedras, eran cantos rodados un poco más grandes que el tamaño de una moneda de un dólar y, presuntamente, alienígenas.

Y si de metales de naves procedentes de las Pléyades habláramos, habría que hacer mención al controvertido contactado suizo Eduard "Billy" Meier, quien desde 1975 se hinchó a hacer fotografías y películas de OVNIs, a grabar en cinta magnetofónica el sonido de las naves al desplazarse, a entregar a los ufólogos muestras del material con que los pleyadianos construyeron sus naves espaciales y a recibir mensajes de Semjase, presunta comandante de dicha flota interestelar. Lo malo es que, recientemente, un ufólogo norteamericano llamado Kal Korff se ha encargado de demostrar que gran parte de lo que decía y hacía, así como de las pruebas que aportaba, era un burdo fraude.

Otra de las aportaciones "extraterrestres" a los contactados son esferas fabricadas con un material desconocido. Uno de los casos que mejor recoge este tipo de "regalos", quizá el más significativo, tuvo lugar el 6 de diciembre de 1978 en las inmediaciones de Marzano, no muy lejos de Genova (Italia). Allí un guarda de seguridad de la compañía Metronotte, llamado Fortunato Zanfretta, fue sorprendido -según su relato- por una enorme criatura de casi tres metros de altura y cabeza triangular, que le arrastró hasta el interior de una especie de aeronave luminosa en la que permaneció alrededor de cincuenta minutos. Este guarda jurado afirmaría haber tenido luego otros seis encuentros más con aquella horrible criatura, lo que marcó su vida para siempre. Pero uno de los aspectos menos conocidos de aquellos "encuentros" fue que sus secuestradores entregaron a Zanfretta una esfera de propiedades desconocidas y le orientaron para que se la ofreciese, como prueba irrefutable de la existencia de extraterrestres, al astrónomo norteamericano Joseph Alian Hynek. Sin embargo, lo cierto es que Zanfretta nunca entregó la preciada esfera a Hynek -considerado por muchos "padre" de la Ufología Científica-, por cuestiones que ahora no vienen al caso, y aún hoy este guarda jurado esconde su "tesoro ufológico" en espera de que sus secuestradores le indiquen un nuevo destinatario.

Terminemos. Y hagámoslo explicando que son numerosos los implantes metálicos que los extraterrestres han dejado dentro de los cuerpos de sus abducidos. Minúsculos y microscópicos implantes hechos de extrañas aleaciones que se han encontrado en el interior de la cabeza, de las fosas nasales, de los brazos, de los muslos y de los lugares más insospechados del cuerpo humano.

El 19 de agosto de 1995 la asociación Saber Enterprises encargó al profesor Paul A. Fuierer y al Dr. John Alexander el análisis de uno de tales implantes, extraído quirúrgicamente a un abducido. Durante un mes analizaron, mediante complejas técnicas metalúrgicas de espectrografía, radiografía y pruebas químicas, eléctricas y electromagnéticas, una minúscula varilla de 4 mm. de largo por 0,6 mm. de diámetro. Pues bien, para sorpresa de los analistas, la estructura del núcleo era parecida a la de un meteorito y estaba compuesta por una aleación rica en hierro con grandes cantidades de carbón, probablemente carburo de hierro, y dotada de una microestructura pulida y grabada. ¿Estamos en presencia de la prueba definitiva?